Al filo de la Navaja

PARA SER MÁS ABIERTOS, AUTENTICOS Y SINCEROS
AL FILO DE LA NAVAJA



En la relación con el otro, hay que encontrar el equilibrio, delgado y sutil como “el filo de la navaja”, entre la conservación de la propia integridad y la entrega.

La relación entre las personas es una pujante y a menudo vertiginosa, danza de polaridades, encantadora y seductora a veces, otras veces feroz y combativa, o vigorizadora, o agotadora. Esta danza se inicia tan pronto, sentimos cualquier tipo de atracción que nos lleva a acercarnos a alguien. Por un lado ansiamos aproximarnos al otro, romper la cáscara de la separatividad que nos envuelve, expandir nuestros límites y encontrarnos con ese ser que nos ha rozado y conmovido quizás, aunque apenas discernimos por qué o cómo. Por otro lado, sentimos temor, ya que salirnos de nosotros mismo implica renunciar a algo, y advertimos entonces que estamos adheridos, como si en ello se jugara nuestra vida, a esa misma separatividad que anhelamos superar.

La danza de la relación entraña siempre esa alternancia de la reunión y la separación, del aferrar y el soltar, del ceder y persistir, del aflojar y el no aflojar, del entregarnos y el mantener nuestra integridad. No es fácil aprender esta danza. Muchas parejas o relaciones pierden pronto “el ritmo de la danza” y terminan envaradas en posiciones contrapuestas: cada uno sabe atacar o replegarse. Son pocos, además, los maestros de este tipo de danza y a medida que pasan los años los pasos de baile convencionales que nos han enseñado se vuelven cada vez más rígidos, anticuados y limitativos. Nos surge la pregunta; ¿dónde podríamos aprender a bailar con gracia y eficacia? Como en esta “danza” no se fija la atención en “un paso” en particular, ella nos permite estar con nosotros mismos, simplemente , y descubrir los obstáculos que oponemos para evitar estar presentes en el “aquí y ahora”; por ejemplo, descubrir cómo nos identificamos con los pensamientos y sentimientos que nos placen, mientras tratamos de sacarnos de encima los que nos disgustan. Tenemos que encontrar el modo de respetar nuestras necesidades y anhelos. Es cierto que para unirnos a otra persona tenemos que abrir nuestras fronteras, pero si esa unión con el otro se convierte en una fusión (una confusión) en la que nuestro ser se pierde, el resultado es calamitoso. Hay contradicciones, queremos disfrutar de la libertad, pero también queremos estabilidad y compromiso permanente; nos gustaría dar afecto, pero con frecuencia lo que damos son criticas y enojo. Pero ni una cosa ni la otra nos resulta satisfactoria y precisamente al aprender a balancearnos entre lo muy compacto, por un lado y lo muy disuelto por el otro, nuestros movimientos se tornan más fluidos y la “danza” cobra gracia y vigor.

En  “el filo de la navaja” muestro la filosofía del MÉTODO AZCURRA, método que no lo "ajustará a la sociedad" sino que podrá ayudarlo a "ajustarse a sí mismo", ayudarlo a descubrir su " propia realidad", su " propia existencia" y no lo " que debería ser" para así abrazar y abarcar cuánto somos como seres humanos.


JUAN CARLOS AZCURRA
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